El blog de los Curiosos

Cadaqués: una villa de ensueño

En mi estancia en Barcelona me habían hablado de un pueblecito encantador situado en la comarca del Alto Ampurdán en la provincia de Girona. Así que un fin de semana cogí con dos colegas el coche y nos pusimos en camino. Las expectativas eran grandes ya que había llegado a mis oídos que el mismísimo Salvador Dalí, uno de los lugareños más famosos que vivió en Cadaqués, había declarado en numerosas ocasiones que era “el pueblo más bonito del mundo”.

El viaje comenzó desde Barcelona sobre las 10 de la mañana en el último fin de semana de Junio, por delante teníamos casi dos horas de viaje antes de llegar a nuestro destino, por eso sobre las doce antes de llegar a Cadaqués hicimos una parada en Roses, un gran centro turístico, con urbanizaciones, hoteles, playas y dos puertos (pesquero y deportivo), un lugar atractivo donde el sol y la playa se mezclan con los restos arqueológicos de la zona.

Pero nuestro destino era otro, así que después de dar una vuelta por Roses, continuamos nuestro camino a través de una carretera que se adentraba en una montaña llena de campos de olivos. Parecía que nos dirigíamos a un lugar apartado del mundo y eso hacía que la llegada a la villa se hiciera más deseada. Al empezar a bajar por la montaña, y cuando ves la iglesia en lo alto del pueblo, ya intuyes que te vas a encontrar algo maravilloso, porque eso es un pueblo. Un pueblecito de unos 2000 habitantes donde todas las casas son blancas, donde la gente pasea tranquila sin preocuparse por nada.

Nada más llegar al pueblo entiendes el porqué de las palabras de Dalí, el mar debió ser durante muchos años la única puerta que tuvo Cadaqués, y ese mismo mar lo envuelve todo. A pesar de ser un punto turístico importante, en todo el pueblo se respira una serenidad y una calma constante que se entremezcla con el ruido provocado por los turistas.

Empiezas a dar una vuelta por el pueblo y lo mejor es perderse por esas calles estrechas y empinadas, encontrarse con gente mayor charlando que uno se imagina que seguramente conocieron a Dalí, Picasso.. y muchos más artistas que quedaron fascinados por el encanto que desprende Cadaqués. De entre todas las casas del pueblo destaca por encima de las demás “La casa Azul”, una casa blanca con todas las puertas y ventanas azules, que justo ese día coincidió que le estaban dando una capa de pintura.

Uno se imagina los meses de verano en Cadaqués y entiende lo felices que debían ser los veraneantes hace años, el pueblo es como una isla que está más cerca del mar que de la tierra, despierta energía, entusiasmo, y la luz que posee es distinta, es una luz que hace todo visible, todo se ve nítido y al contrario de un mal sueño, es real.

El día pasa rápido y cuando uno se da cuenta empieza a atardecer, en ese momento las calles y las casas blancas de la villa adquieren otro color distinto causado por el sol poniéndose tras las montañas, otro de esos momentos maravillosos que nos regala Cadaqués y merece la pena no perderse.

Así que ya sabéis si algún día estáis cerca de este pueblo encantador no dudéis en visitarlo, merece la pena.

 

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